* Gabo Rodrigues

  • Imaginar para Resistir

    La llegada a México del corporativo Motion Pictures Licensing Corporation (MPLC) en julio de 2008 es una evidencia del interés que existe por vigilar y explotar al máximo los productos audiovisuales que se realizan especialmente en Estados Unidos. En un país como el nuestro, en donde se mueven millones de pesos en piratería, era natural que algún día abriera su oficina el despacho que maneja a las productoras y distribuidoras conocidas como “majors”.

    Sin embargo, también en la ciudad de México pero en febrero de este año, se pronunciaron numerosas organizaciones por la defensa y promoción de los derechos del público, que retomó la Carta de Tabor publicada en 1987 en Checoslovaquia. Ese documento escrito por Fabio Masala y reconocido cada vez más por numerosas organizaciones del público, reconoce los derechos a la información y al conocimiento para todos los seres humanos. El derecho al arte y a las facultades creativas para evitar guerras, el uso de las nuevas tecnologías para liberar y no para alienar a los espectadores.

    Es importante diferenciar entre los exhibidores que conforman un conjunto homogéneo para MPLC. Destacan los giros comerciales como bares, restaurantes, hoteles, clínicas, hospitales, tiendas comerciales, barcos, trenes, empresas, mini cines, video salas y el error o abuso es que están incluyendo en ese segmento a las bibliotecas, los cine clubes y las universidades, centros de cultura y no de ocio ni consumo.

    Amparándose parcialmente en la Ley Federal de Derechos de Autor, escogieron los artículos relativos a la propiedad de derechos de una obra para garantizarle al productor que sus ganancias serán vigiladas, pasando por encima del interés y legitimidad del público para procurarse esos productos culturales. Nos encontramos ante un aparato multinacional que expresa la avidez del capital y no la solidaridad de las naciones unidas que fortalecen vínculos y hermandades a través de la promoción de valores humanos y educativos a través de las artes.

    En los tiempos del calentamiento global, los hornos micro ondas y el fast food, es momento de reflexionar también sobre la calidad nutricional de todas esas películas que, originales y piratas, saturan el tiempo libre de las personas que pagan algo por ello para obtener satisfacciones muchas veces innecesarias.

    Quedan la organización y la imaginación para investigar, encontrar, acordar y utilizar fuentes que permitan su uso, tales como las obras licenciadas con Creative Commons y otros acervos sin fines lucrativos apoyados por instituciones culturales. Para romper el triángulo vicioso del lucro, la exclusión y el monopolio que implican los modelos de negocios del cine que ocupan pantallas de salas, estanterías de video clubes y librerías, marquesinas, vallas publicitarias, revistas y hasta puestos ambulantes, es necesario diseñar otros parámetros para medir lo interesante o atractivo de las producciones.

    Porque los filmes son hechos para verse y conocerse, es ilegítimo negar el derecho a que esas imágenes circulen en ámbitos y espacios culturales.

    http://mundokino.net/node/440

    http://wiki.creativecommons.org/Content_Directories

    http://wiki.creativecommons.org/MovingImage

    * Gabo Rodrigues

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